Cincuenta sombras más oscuras (Fifty Shades Darker, Estados Unidos, 2017) / Dirección: James Foley.
Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Bella Heathcote, Kim Basinger, Hugh Dancy, Eric Johnson, Max Martini, Eloise Mumford, Luke Grimes, Rita Ora, Tyler Hoechlin, Marcia Gay Harden, Fay Masterson, Robinne Lee. / Guión: Niall Leonard (Novela: E.L. James). / Fotografía: John Schwartzman. / Música: John Schwartzman. Estreno viernes 10 de febrero de 2017.
por: Enrique López Arvizu
Esto nomás no levanta.
James Foley entró al relevo para esta segunda entrega y sin embargo los resultados artísticos no son tan diferentes, en esta secuela que carece de conflicto y prácticamente no pasa nada, es una historia que continúa llena de frivolidades y trivialidades, sexo soft y diálogos ridículos.
Anastasia (Dakota Johnson) estaba muy indignada en el final de la primera parte, ahora trabaja en una editorial y un día en una exposición fotográfica se reencuentra con Christian Grey (Jamie Dornan).
Después de una brevísima charla, él le pedirá volver, ella lo ha de pensar dos segundos y listo, la superflua relación habrá de continuar de la manera más intrascendente posible, ella agobiada por nada y él con sus traumas sexuales.
Lo que sigue es más de lo mismo, escarceos románticos que llevan a juegos sexuales pretendidamente subidos de tono, pero filmados de manera tal que no calientan ni a un chico adolescente, y con una seguidilla de los diálogos más improbables posibles, todo en medio de una historia cuyo conflicto se disolvió en los primeros minutos.
Si bien el material base de estas películas es de una calidad ínfima, poco aporta el cambio de director a una historia donde algunas situaciones y diálogos bordean el ridículo, haciendo que algunos actores tengan que contenerse para no botarse de la risa, como una escena cerca del final entre Marcia Gay Harden, Kim Basinger y la pareja protagónica, digna de las peores telenovelas de Televisa.
Quizá hay algo más de piel que en la primera parte, (con notorios dobles de cuerpo), pero las escenas de sexo, que cuando parecen dirigirse a algo más sensual simplemente son cortadas, están excesivamente musicalizadas y estilizadas y no terminan de cuajar, dando forma a una película banal y por momentos insufrible.
