La amante de mi padre, de Marc Webb

La amante de mi padre (The Only Living Boy in New York, Estados Unidos, 2017) / Dirección: Marc Webb.

Nuestra puntuación

Reparto: Callum Turner, Kate Beckinsale, Pierce Brosnan, Cynthia Nixon, Kiersey Clemons, Jeff Bridges, Doris McCarthy, James Saito, Ryan Speakman, Ben Hollandsworth, Bill Camp, Tate Donovan, Wallace Shawn, Anh Duong, Debi Mazar, John Bolger, / Guion: Allan Loeb. / Fotografía: Stuart Dryburgh. / Música: Rob Simonsen. Estreno viernes 20 de octubre de 2017.

7

por: Enrique López Arvizu

Emulando a Woody Allen.

Woody Allen ha hecho escuela, sobre todo en lo que se refiere a su cine de los años 70s y 80s, ubicado en la ciudad de New York, de la cual sobresale Noah Baumbach como su alumno más adelantado, y más atrás aparece Marc Webb con un nuevo intento de emular el cine de Allen.

Ambientado en la época actual, narra la historia de Thomas Webb (Callum Turner), un joven que añora una ciudad de Nueva York que él nunca conoció, desencantado con los jóvenes de su generación y con la visión esnob que su familia tiene acerca de la vida.

Estando en un restaurant descubre que su padre sale con una chica mucho más joven que él, por lo que se obsesiona con conocerla, al grado de terminar envuelto en una situación impensada.

El arranque del relato es prometedor, esa atmósfera de una Nueva York llena de ese encanto cosmopolita e intelectual, con personajes que parecen haber salido de alguna película de Allen, todos ellos interesados en el arte, que es el centro de la mayoría de sus charlas, en su muy personal homenaje a esa gran ciudad donde se destaca como siempre la figura del gran Jeff Bridges.

Pero cuando se da el encuentro entre Thomas y el personaje de Kate Beckinsale, el relato pierde cierto encanto ante una trama que se torna torpe, y peor aún en el momento en que un giro del guion aparece para de una vez por todas condenar al naufragio un relato mal encarado por su realizador y su guionista.

Al final, la película de Webb se pierde entre diálogos impostados y situaciones cercanas al ridículo, dejando de lado el acercamiento sutil al romance tirando por la borda lo que parecía una apuesta segura.

 

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