Exit 8 (Exit 8, Japón, 2025) / Dirección: Genki Kawamura.
Reparto: Kazunari Ninomiya, Yamato Kôchi, Naru Asanuma, Nana Komatsu, Kotone Hanase. / Guion: Genki Kawamura, Hirase Kentaro. Videojuego: Kotake Create. / Fotografía: Keisuke Imamura. / Música: Shouhei Amimori, Yasutaka Nakata. Estreno miércoles 22 de abril de 2026.

por: Enrique López Arvizu
El hombre y su bucle.
‘Exit 8’ (2025), de Genki Kawamura, es una de esas rarezas del cine japonés reciente que transforma una premisa de un popular videojuego minimalista en una experiencia cinematográfica absorbente y claustrofóbica.
La película sigue a un hombre común (Kazunari Ninomiya) que, tras una llamada complicada de su exnovia anunciando un embarazo, se pierde en un laberinto infinito de pasillos subterráneos idénticos de una estación de Tokio. Para poder salir las reglas son simples y despiadadas: avanza si no detectas anomalías; retrocede ante la más mínima omisión. Fallar reinicia el conteo desde el nivel cero. La película termina convirtiéndose en un thriller psicológico tenso sobre la culpa, la responsabilidad y los bucles existenciales, donde cada repetición atenta contra la cordura del protagonista y del espectador.
La puesta en escena es impecable y es la base del relato. Los pasillos blancos y asépticos, diseñados con toda precisión, crean un espacio opresivo que parece sacado de una pesadilla. La esterilidad de las baldosas, los carteles repetitivos y los pequeños detalles cotidianos se convierten en fuentes de paranoia constante.
Kawamura y el director de fotografía Keisuke Imamura construyen un entramado visual donde el entorno se vuelve amenazante, jugando con simetrías y perspectivas que hacen que el espectador escudriñe cada frame en busca de la anomalía, igual que el protagonista. Esa atención al detalle espacial eleva la cinta por encima de muchos ejercicios de terror más convencionales.
Los planos secuencia son otro de los grandes aciertos técnicos. La película abusa con inteligencia de tomas largas y fluidas que acompañan al protagonista en sus caminatas eternas, disimulando cortes con maestría para reforzar la sensación de loop interminable. La musicalización, minimalista y efectiva, complementa a la perfección esa atmósfera, además hay un uso inteligente de piezas clásicas como el Bolero de Ravel.
Si bien hay un par de momentos algo obvios, estos no merman el buen resultado final de la película y su capacidad para atrapar al espectador en su propio bucle mental.