Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, Reino Unido, 2016) / Dirección: Ken Loach.
Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Briana Shann, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy, Kema Sikazwe, Steven Richens, Amanda Payne. / Guion: Paul Laverty. / Fotografía: Robbie Ryan. / Música: George Fenton. Estreno viernes 19 de mayo de 2017. Vista en la 62 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional en la Cineteca Nuevo León.
por: Enrique López Arvizu
Una lucha eterna.
El director inglés Ken Loach ha encontrado en el guionista Paul Laverty a un perfecto cómplice y colaborador, con quien ha trabajado en los últimos 20 años en más de 10 películas en las que la denuncia social está en el centro, tal como sucede en ‘Yo, Daniel Blake’, película ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2016.
El Daniel Blake del título, que es interpretado por Dave Johns, es un hombre que se dedica a la carpintería y ronda los 60 años, tras sufrir un ataque al corazón su médico le ha prohibido volver al trabajo, por lo que debe acudir a las oficinas de la asistencia social.
Ahí, Daniel se topa con todo un aparato burocrático que le hace más complicado todo, obligándole a buscar otro empleo y enfrentarse a situaciones poco propias para su edad, conociendo ahí mismo a Katie, una joven madre de dos hijos que sufre para poder alimentar a sus hijos, quien encontrará en Daniel un apoyo inconmensurable.
Si bien el cine de Loach se ha volcado al tema social, dando la sensación de volverse repetitivo y esquemático, la verdad es que el inglés demuestra la capacidad de hacerle frente a esos temas con vigor, tal como lo demuestra en el presente filme.
Loach muestra una realidad europea desconocida para muchos y oculta por otros, que la acerca al presente de otros países en apariencia menos desarrollados, con otro personaje común y vulnerable, que es interpretado de gran manera por Johns hasta volverlo querible, al mostrarlo casi como un improvisado héroe citadino que debe enfrentarse a un mundo que parece ya tener lugar para él.
Así, Loach consigue una película noble y conmovedora, a la que no le faltan ciertos excesos melodramáticos y subrayados, sobre todo en la parte final que desborda sentimentalismo, pero con la fuerza necesaria para hacer llegar su mensaje.
