Un actor malo (Un actor malo,México, 2023) / Dirección: Jorge Cuchí.
Reparto: Alfonso Dosal, Fiona Palomo, Gerardo Trejoluna, Érick Israel Consuelo, Juan Pablo de Santiago, Karla Coronado, Ana Karina Guevara. / Guion: Jorge Cuchí. / Fotografía: Jose Casillas. Estreno jueves 04 de abril de 2024.
por: Enrique López Arvizu.
Las mejores intenciones.
En su segunda película, luego de que con su ópera prima ‘50 (o dos ballenas se encuentran en la playa)’ conquistara varios importantes premios, el director mexicano presenta un tema de mucha actualidad y muy controversial en ‘Un actor malo’.
El segundo largometraje de Cuchí es un relato que transita por diferentes estados, siendo de inicio un relato instalado dentro de otra ficción, la que los protagonistas Sandra Navarro (Fiona Palomo) y Daniel Zavala (Alfonso Dosal) están filmando.
En medio de un ensayo, mientras repasan las líneas de sus personajes, se presenta una extraña situación con respecto a una escena que pronto deberán filmar, la maquillista les sugiere que la escena de cama deberían hacerla de manera real, lo que provoca diversas reacciones en el equipo.
Llegado el día, Sandra y Daniel, amigos en la vida real, se preparan para la escena íntima, la que transcurre sin inconvenientes, hasta que, justo casi por el final, el director decide cortar la escena ante una mueca de Sandra, quien después de un rato, comenta que Daniel abusó de ella mientras rodaban, lo que cambiará por completo el presente de ambos.
Cachí toma uno de los temas más en boga en los años recientes, y en plena época del movimiento #MeToo plantea una historia en la que, a pesar del muy directo título, plantea la situación controvertida llena de sutilezas, apuntalada por muy sólidas actuaciones de sus protagonistas, donde quien se destaca por encima del resto es la joven Fiona Palomo.
El director consigue llevar a buen puerto su relato sin demasiados sobresaltos, consiguiendo una abrumadora apariencia de realidad en lo que se narra hasta el momento de la situación de abuso, teniendo para destacar la naturalidad de los diálogos.
Pero llegado el momento la intensidad se va elevando de a poco, algo que Cuchí sabe manejar con precisión, hasta que todo en el relato empieza a cambiar, desde el tono, la intensidad, y las sutilezas son dejadas de lado y el trazo muy grueso se apodera de todo lo que aparece en la pantalla.
Lo que un inicio era parte de un efectivo discurso con las mejores intenciones, termina siendo un relato que se pierde entre la torpeza de un tramo final desbordado, muy subrayado, plenamente efectista y totalmente complaciente.
