La posesión de la momia (Lee Cronin’s The Mummy, Estados Unidos, 2026) / Dirección: Lee Cronin.
Reparto: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Veronica Falcón, May Elghety, Shylo Molina, Billie Roy, Hayat Kamille, Emily Mitchell, Dean Allen Williams, Jonathan Gunning, Kian Nagel. / Guion: Lee Cronin. / Fotografía: Dave Garbett. / Música: Stephen McKeon. Estreno jueves 16 de abril de 2026.

por: Enrique López Arvizu.
Un muy calculado festival de excesos.
Después de sorprender con una muy sólida nueva versión de ‘Evil Dead’, el director irlandés Lee Cronin regresa con ahora una muy personal nueva versión de la historia de”La momia”, tan personal que el título original incluye el nombre del director, una reimaginación brutal y visceral del clásico monstruo de la momia.
La historia que se narra es la de una familia destrozada por la desaparición de su hija más pequeña en El Cairo ocho años atrás. Cuando la niña regresa sin envejecer un solo día y cubierta en una misteriosa envoltura con inscripciones antiguas, lo que debería ser un milagro se convierte en la peor pesadilla imaginable.
Cronin toma el mito de la momia y lo fusiona con posesión demoníaca, duelo familiar y body horror de alto voltaje, creando una experiencia que se siente muy incómoda. Lo que comienza como un drama familiar sobrenatural deriva rápidamente en una orgía de deformaciones, posesiones y violencia gráfica. Cronin no tiene miedo de ir a lo grotesco y lo explota con efectos prácticos bastante impactantes que son, sin duda, lo más memorable de la cinta.
Visualmente la película es llamativa en sus momentos de transformación y violencia corporal. Hay secuencias realmente repulsivas y arriesgadas que demuestran un compromiso claro con el horror visceral y que consiguen generar incomodidad genuina. El riesgo de Cronin al alejarse de la aventura clásica de momias para abrazar el terror íntimo y extremo es digno de reconocer. Sin embargo, donde falla es en la construcción de atmósfera. Pese a los esfuerzos de iluminación y sonido, nunca llega a generar una tensión sostenida. Las escenas se suceden una tras otra sin que el relato consiga crear verdadero suspense o inquietud entre golpe y golpe de gore.
El guion tampoco ayuda mucho. Las decisiones de los personajes resultan a menudo forzadas y el desarrollo emocional de la pérdida y el duelo se queda en superficie, sin calar realmente. Natalie Grace carga con el peso de la criatura poseída y lo hace con entrega, pero el resto del reparto se ve limitado por un guion que prioriza los sustos y las deformaciones por encima de cualquier coherencia narrativa.
En resumen, es una propuesta irregular que vale la pena por su apuesta grotesca y su impacto visual directo, pero que decepciona en la construcción de atmósfera y en la generación de tensión real. Una película de terror que se sostiene más por sus momentos de brutalidad que por su calidad global como relato.