Parásitos (Gisaengchung / Parasite, Corea del Sur, 2019) / Dirección: Bong Joon-ho.
Reparto: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, Park So-dam, Park Seo-joon, Lee Jeong-eun, Park Keun-rok, Hyun Seung-Min, Andreas Fronk, Park Myeong-hoon, Jung Hyun-jun, Ji-hye Lee, Joo-hyung Lee, Jeong Esuz, Ik-han Jung, Seong-Bong Ahn, Dong-yong Lee, Hyo-shin Pak. / Guion: Kim Dae-hwan, Bong Joon-ho, Jin Won Han. / Fotografía: Kyung-Pyo Hong. / Música: Jaeil Jung. Estreno miércoles 25 de diciembre de 2019.
por: Enrique López Arvizu
El olor de los de abajo.
Creador de obras descomunales como ‘Mother’, ‘Memories of Murder’, ‘The Host’ y ‘Snow Piercer’, el coreano Bong Joon-ho demuestra una vez más su maestría como narrador en su más reciente película, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, ‘Parásitos’, una demoledora mirada a la lucha de clases.
Una familia liderada por el padre Gi Taek (Song Kang-ho), vive en una especie de medio sótano, en un barrio carenciado, son cuatro los miembros de esta familia que viven todos apretujados, comiendo lo que pueden y sin por lo menos poder acceder a un servicio de wifi, por lo que deben robarlo de sus vecinos, generando sus pocos ingresos doblando cajas para una pizzería del barrio.
Pero cuando el hijo de la familia, Gi Woo (Choi Woo-sik), ingresa como suplente de un amigo para trabajar en la casa moderna y adinerada de la familia Park como maestro particular, los alejados mundos de estas dos familias se acercan de la manera menos previsible gracias a las falsedades y mentiras que la familia de Gi Taek irán construyendo.
Como en muchas de las anteriores películas de su director, el conflicto entre clases es un tema que regresa en ‘Parásitos’, ahora en una poderosa historia que es narrada en una particular mezcla de géneros y tonos, que van transitando desde una comedia puntillosa que se va tornando negra hasta llegar al thriller y acercarse de manera tremenda al terror más desconcertante.
La historia está construida desde el enfrentamiento de dos realidades opuestas a cargo de dos familias que se encuentran en las antípodas del escalonamiento social, una llena de carencias y falta de oportunidades y la otra excedida en privilegios y comodidades, cuando ambas familias conviven por completo, empiezan a florecer esas diferencias de maneras particulares, pero precisas, usando, por ejemplo, el olor de los pobres como una irrefutable muestra de esas tantas diferencias.
Todo ello conlleva de manera irremediable y sin muchas sutilezas de por medio, a una descarnada violencia que es registrada en una poderosa y virtuosa puesta en escena, donde Joon-ho encamina su relato de manera desmesurada hasta volverlo una impiadosa y crítica mirada a la marcada desigualdad imperante no solo en Corea del Sur sino en el resto mundo y puntualmente, en nuestros países.

