Churchill (Churchill, Reino Unido, 2017) / Dirección: Jonathan Teplitzky.
Reparto: Brian Cox, Miranda Richardson, John Slattery, James Purefoy, Julian Wadham, Richard Durden, Ella Purnell, Danny Webb, Jonathan Aris, George Anton, Steven Cree, Angela Costello, Peter Ormond, Suki Waterhouse. / Guion: Alex von Tunzelmann. / Fotografía: David Higgs. / Música: Lorne Balfe. Estreno jueves 29 de junio de 2017.
por: Enrique López Arvizu
Un retrato incompleto.
Más que una película biográfica, esta aproximación al mito de Winston Churchill busca humanizar su figura narrando las 72 horas previas al denominado Día-D, de la Operación Overload, más conocida como el desembarco en Normandía, y la interacción que el Primer Ministro Churchill tuvo con las diferentes autoridades, además de con su esposa Clementine.
Interpretado por Brian Cox, la película muestra a un Churchill rebasado por una tremenda ansiedad ante lo que él considera un seguro suicidio de sus tropas, siendo siempre interpelado por los militares estadounidenses y británicos que consideran que sus ideas pertenecen a tiempos de guerras pasadas.
La operación debe ser pospuesta debido al mal tiempo, lo que lleva al Primer Ministro a buscar ayuda divina mediante sus plegarias para que las malas condiciones climáticas continúen, así como sus constantes discusiones con su mujer.
La película dirigida por Jonathan Teplitzky, el mismo de The Railway Man, peca de un academicismo que no se permite ir más allá, con una narrativa que no fluye, acartonada por un guion rígido, escrito por la historiadora Alex Von Tunzelmann, que sin duda está fantásticamente documentado pero que cinematográficamente se percibe plano, excesivamente discursivo y con poco foco en las acciones.
Lo más destacable es, sin duda, la gran interpretación de Brian Cox como Winston Churchill, plena de matices, lo que sostiene y le da valor a la película, pese a que el retrato del personaje no termina por demostrar la gran figura que fue, sobre todo en su interacción con su esposa, a quien interpreta Miranda Richardson.
Carente de emociones y sorpresas, esta visión de Churchill se torna incompleta, volviéndose un film ordinario y descorazonado.
