La asesina, de Hou Hsiao-Hsien

La asesina (Nie yin niang / The Assassin, Taiwán-China-Hong Kong-Francia, 2015) / Dirección: Hou Hsiao-Hsien.

Nuestra puntuación

Reparto: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Juan, Nikki Hsieh, Ni Dahong, Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen, Zuo Xiaoqing, Xu Fan, Tadanobu Asano, Zhou Yunin. / Guión: Hou Hsiao-Hsien, Chu Tien-Wen, A. Cheng. / Fotografía: Mark Lee. / Música: Giong Lim. Estreno viernes 30 de septiembre de 2016.

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por: Enrique López Arvizu

Épica poética.

La incursión del realizador taiwanés Hou Hsiao-Hsien en el género wuxia, cine de artes marciales en un contexto histórico, se antojaba toda una complicada empresa que dejaba la interrogante de como filmaría las escenas de acción y pelea sin traicionar su tradicional estilo, la respuesta está en su nueva película, toda una épica poética de efecto imperecedero.

La historia que narra sucede en el siglo IX, contando con prólogo en blanco y negro, que después da paso a imágenes de una colorida explosión para contar la historia de Nie Yinniang (Shu Qui), una joven que ha sido entrenada y adiestrada desde pequeña por su tía, una mujer conocida como “la monja”, como toda una guerrera a la que se le asigna la tarea de asesinar a un tipo con un alto cargo político a quien le une un importante vínculo.

Más allá de la trama, la cual por momentos podría parecer desconcertante más no inentendible, lo que llama poderosamente la atención en el nuevo film del taiwanés es la manera en que narra una historia y su conflicto, haciendo suyo el género y reinventándolo en cada secuencia, donde las peleas y la acción son mostradas de la manera más real posible.

Cada plano es un dechado de belleza sublime, sin caer nunca en un preciosismo exultante, sino por el contrario, es un derroche de sensibilidad y sutileza donde cada detalle en pantalla es aprovechado de manera fascinante.

Hou Hsiao-Hsien consigue que su nueva película sea toda una estimulación para los sentidos, con un relato que exige al cien por ciento a sus espectadores, pero que les compensa con cada imagen que resulta una sublime y subyugante maravilla.

 

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