La ballena, de Darren Aronofsky

La ballena (The Whale, Estados Unidos, 2022) / Dirección: Darren Aronofsky.

Nuestra puntuación

Reparto: Brendan Fraser, Sadie Sink, Hong Chau, Ty Simpkins, Samantha Morton, Sathya Sridharan, Jacey Sink. / Guion: Samuel D. Hunter. Obra: Samuel D. Hunter. / Fotografía: Matthew Libatique. / Música: Rob Simonsen. Estreno jueves 09 de febrero del 2023.

por: Enrique López Arvizu

Dejarse ir.

En la primera escena de ‘The Whale’, su director, el conocido Darren Aronofsky, deja bien claro sus intenciones, mostrando a plenitud el enorme cuerpo de un hombre enfermo que intenta, sin éxito, autosatisfacerse viendo pornografía en su computadora portátil.

Esta escena inicial no es más que el inicio de una tortuosa narración en la que, como siempre en la filmografía de Aronofsky, sus personajes deben moverse entre los habituales excesos narrativos de su director, y las varias referencias y alegorías que buscan añadir significado a su relato.

‘The Whale’ es la adaptación de una obra de teatro original de Samuel D. Hunter, también autor del guion cinematográfico, que narra la historia de un hombre con obesidad mórbida que busca su redención mientras intenta sanar su inexistente relación con su hija adolescente.

El hombre en cuestión es Charlie (Brendan Fraser), un profesor que da clases online, pero que nunca enciende su cámara ya que se avergüenza de su desbordada apariencia. Charlie se ha abandonado desde que su pareja murió, por lo que lo único que lo sostiene es comer sin límites, a pesar de estar sobrepasando los límites permitidos para la salud.

Charlie pasa el día metido en un sillón del que le es casi imposible ponerse en pie por si mismo, mientras trabaja y come sin parar. A su cuidado está Liz (Hong Chau), con quien tiene un vínculo especial y quien es la única persona que ve por él. Ocasionalmente llega a su puerta un joven religioso de nombre Thomas (Ty Simpkins) y cada tanto se aparece su hija adolescente Ellie (Sadie Sink).

Ellie acude a Charlie solamente para que él se encargue de realizar sus tareas, ante la amenaza de quedar fuera de su escuela, a quien da un trato nada digno y humillante, llegando incluso a solicitar dinero a cambio de sus visitas.

Lo que Aronofsky busca en su relato, al igual que en la mayoría de su filmografía previa, es primero causar un efecto shockeante en el espectador y después, si alcanza, conmover, regodeándose al mostrar al personaje de Charlie en su inmensidad como si fuera parte de un freak show, haciendo uso de todo recurso posible (maquillaje, prótesis, efectos visuales) para lograr su cometido.

Aronofsky regresa a las temáticas ya presentes en sus películas previas, en las que la autodestrucción en un contexto religioso está siempre presente, muestra también ciertas alegorías, con referencias religiosas y, concretamente, a ‘Moby Dick’ de Herman Melville, las cuales resultan redundantes y obvias.

Lo que salva a la película de perderse a la deriva es la notable interpretación de Brendan Fraser, a contramano de las intenciones de su director, logra añadirle total humanidad a su personaje con apenas un ligero movimiento de algún musculo facial o con una mirada, y el gran soporte que resulta la presencia de la actriz Hong Chau, consiguiendo momentos en los que la película respira un poco.

Sin sutileza alguna, Aronofsky presenta otra película dura, nada amable y turbia.

 

Deja una respuesta