El buen mentiroso (The Good Liar, Estados Unidos, 2019) / Dirección: Bill Condon.
Reparto: Helen Mirren, Ian McKellen, Russell Tovey, Jim Carter, Mark Lewis Jones, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Phil Dunster, Laurie Davidson, Michael Culkin, Aleksandar Jovanovic, Athena Strates, Bessie Carter, Celine Buckens, Sonia Goswami, Ruth Horrocks, Nell Williams, Stefan Kalipha, Dino Kelly, Jag Patel, Lily Dodsworth-Evans, Stella Stocker, Julian Ferro. / Guion: Jeffrey Hatcher (Novela: Nicholas Searle). / Fotografía: Tobias A. Schliessler. / Música: Carter Burwell. Estreno jueves 19 de diciembre de 2019.
por: Enrique López Arvizu.
Miente que algo quedará.
Reunir en una misma película a Helen Mirren y Ian McKellen es una oferta que se antoja sin duda alguna, esto sucede en la más reciente película del irregular realizador Bill Condon, que teniendo a McKellen como protagonista ha realizado sus dos mejores películas a la fecha, ‘Gods and Monsters’ y ‘Mr. Holmes’.
La historia inicia con dos carismáticos ancianos que se han conectado a través de una página de contactos, por lo que han quedado para cenar y así conocerse. El encuentro se da y se presentan, ella, Betty McLeish (Helen Mirren), una viuda adinerada, y él. Roy Courtnay (Ian McKellen), un experimentado estafador que prepara su gran golpe.
Parece que todo marcha sobre ruedas, Betty se nota emocionada ante la posibilidad de un nuevo amor, mientras Roy sigue montando pequeñas farsas que terminan por cansarlo, por lo que se decide ir por todo el dinero de la bella viuda, iniciando una serie de mentiras que terminan por empañar la realidad.
La película inicia con cierto encanto narrando el encuentro de estas dos almas que buscan compañía, pero en cuanto se presenta la motivación real de viejo Roy todo pasa a depender exclusivamente del enorme talento de sus protagonistas, que logran sobreponerse a un guion que de a poco se va desmoronando.
Condon deja todo en manos de sus intérpretes y son ellos los que mantienen el barco a flote hasta que el relato se vuelve insostenible, las vueltas de tuerca se presentan de manera bastante forzada y lo que queda es el enorme placer de disfrutar de dos actores en plenitud, lo que no es poco.
Así, la película de Condon termina dependiendo en absoluto de la magia de sus protagonistas, mientras el relato se sucede de manera convencional y sin sorpresas, y así llega a su tramo final, ya sin gracia y sin poder transmitir emoción alguna, en una película floja a la que sus enormes actores la elevan un poco.
