El me nombró Malala, de Davis Guggenheim

El me nombró Malala (He Named Me Malala, Emiratos Arabes Unidos-Estados Unidos, 2015) / Guión y Dirección: Davis Guggenheim.

Documental. / Fotografía: Erich Roland. / Música: Thomas Newman. Estreno viernes 13 de noviembre de 2015.

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por: Enrique López Arvizu

La importancia de llamarse Malala.

Cargando sobre sí misma la etiqueta de ser la ganadora más joven del Premio Nobel de la Paz, la activista paquistaní Malala Yousafzai se volvió una figura mediática global luego de sobrevivir a un atentado contra su vida, ataque perpetrado por parte de los talibanes, cuando viajaba a la escuela en un autobús en compañía de sus amigas.

La activista defensora de los derechos educativos para las niñas llamó rápidamente la atención de muy conocidas personalidades alrededor del orbe, lo que benefició para su rápido traslado a un hospital en Londres, donde después fijaría su residencia junto al resto de su familia.

El documental de Guggenheim arranca explicando la leyenda de Malalai a través de un episodio animado, en el que se muestra como en 1880 una mujer arengó al ejército afgano a no rendirse hasta vencer al invasor ejército británico, hecho que motivó a Ziauddin Yousafzai para nombrar  a su hija con el nombre de Malala, en un acto que se pretende profético.

Después, la mirada de Guggenheim se posará sobre la familia de Malala, mostrando situaciones cotidianas de ella junto a sus padres y hermanos en su nueva vida ahora lejos del lugar que los vio nacer, en Londres, sin embargo esa mirada siempre se queda en la superficie, sin conseguir  de ellos auténticas reflexiones sobre el significado de su cambio de vida en un país ajeno.

El documental alterna de manera arbitraria apenas alguna escena de Malala como estudiante, un exceso de animaciones que recrean hechos pasados y se centra sobre todo en los actos a los que Malala y el padre acuden con grandes personalidades del mundo, como encaminando el relato a lo que ellos consideran el momento cumbre de la actividad de la chica, la obtención del Premio Nobel de la Paz, ubicando el reconocimiento a la chica por encima de su discurso y mensaje.

Guggenheim no consigue penetrar la superficie de una historia que se antoja rica y por demás interesante, dejando al espectador sin la posibilidad de reflexionar al documental más allá de un simple ejercicio-homenaje, sin atreverse a indagar más en el rol que juega el padre detrás de las actividades de la chica, en un documental que deja la sensación de ser un mero producto publicitario.

 

El me nombró Malala, de Davis Guggenheim reviewed by on 17 noviembre, 2015 rated 2.5 on 5.0
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